www.DenunciaFalsa.com en el www.CasoLucien.eu

La testigo clave en la condena de 5 mossos acepta declarar por dinero

• Las defensas de los mossos condenados por el ‘caso Lucian’ encargaron el trabajo a Método 3

• Una cámara oculta grabó a la mujer cobrando por prestarse a mentir contra la policía en otro juicio

Ana María M. P. aceptó el pasado 6 de noviembre un billete de 500 euros por prestarse a testificar contra los Mossos d’Esquadra por una agresión policial que no existió y que ella nunca presenció. La mujer, una chilena de 59 años y vecina hace más de 30 de Barcelona, se ofreció a mentir para hacerle un favor a Julián, a quien acababa de conocer. Declararía falsamente porque los Mossos son «unos represores», dijo, y prometió que su testimonio sería tan creíble que ganarían el juicio.

Lo que Ana María no sabía era que todo era un montaje y que todas sus conversaciones, algunas incluso con cámara oculta, eran grabadas por la agencia de detectives de Barcelona, Método 3. Como ella misma reconoce en una de las grabaciones, Ana María está «muy acostumbrada» a los tribunales. Ella fue la principal testigo de cargo del caso Lucian, una denuncia de un ciudadano rumano detenido por error contra cinco mossos del grupo de atracos que en noviembre del año pasado la Audiencia de Barcelona calificó de torturas y condenó a tres de los policías a más de seis años de cárcel, y a otros dos a penas inferiores. El próximo día 25, el Tribunal Supremo estudiará los recursos presentados por las defensas, que no han podido canalizar judicialmente las revelaciones aportadas por la nueva investigación.

En la sentencia contra los mossos, los magistrados destacaron que el relato de la testigo presencial, Ana María M. P., resultó «plenamente verosímil» para el tribunal, lo que ayudó a dar grado de veracidad al resto de torturas que Lucian aseguró haber recibido durante el traslado y en comisaría, ya sin testigos.

Hace tres meses, las defensas de los mossos contactaron con la agencia de detectives Método 3. La investigación privada se centró en Ana María. En el juicio la mujer aseguró que la actuación de los mossos en la detención de Lucian le recordó a la DINA, la policía de Pinochet. Una portera que presenció la misma escena junto a Ana María declaró que vio al detenido en el suelo y a los policías que le hincaban la rodilla en la espalda. Había una diferencia entre las dos: Ana María nunca ocultó que era amiga de Lucian, ni su animadversión hacía los Mossos. Los detectives de Método 3 comprobaron que la mujer había dejado su piso y alquilado una habitación, también en Barcelona. En cuanto quedó un cuarto libre en esa casa, lo alquiló un detective que se presentó como Julián. Al hombre no le costó contactar con la mujer y ganarse su confianza. Tampoco costó que Ana María hablara del caso Lucian, Luchiano, como ella le llama, porque mantiene el contacto con el hombre y su esposa, a pesar de que la pareja regresó a Rumanía tras cobrar la indemnización.

«YO TE HAGO EL FAVOR»

Una noche, tras varios encuentros en el piso que la mujer creyó casuales, Julián le comentó que había tenido un altercado con mossos. Ana María recomendó a su nuevo amigo denunciar a los policías. Otro día, tras contarle Julián que su principal testigo no se presentaría al juicio, ella misma se ofreció a hacer un testimonio falso. «Yo te hago el favor. A estos cabrones no les tengo miedo. Quédate tranquilo porque yo voy», se escucha en una de las grabaciones. El detective le planteó a Ana María si no sería un problema que ya hubiera participado como testigo contra los Mossos en el caso Lucian. La mujer asumió el riesgo: «Ni me preocupo. Ahora aprietan un botón, sale mi ficha, y dirán: ‘¿Usted otra vez contra los Mossos?’ Y las veces que sean necesarias». Todas las conversaciones, como el fragmento de la anterior, fueron grabadas, y algunos encuentros, como el día que visitaron el lugar en el que presuntamente Julián había sufrido la agresión y que Ana María quiso ver, fueron registrados en vídeo.

«SÉ LO QUE VOY A DECIR»

En la esquina de la calle de los Almogàvers con la de Pamplona, en el Poblenou, la mujer escenificó lo que declararía en el juicio. «Lo único que vi es uno que estaba tirado en el suelo y ellos que le estaban pegando. Si yo ya sé lo que voy a decir». Y de nuevo en casa, otro día, Ana María mostró su preocupación por no haber comprobado si había cámaras de seguridad en el lugar de la agresión. El pasado día 6, el detective acompañó a Ana María al despacho de su presunto abogado, en realidad Francisco Marco, director de Método 3. Durante la charla, la mujer aceptó un billete de 500 euros por ir a mentir en el juicio de Julián. «Mil gracias», respondió.

Condenados a penas de hasta 6 años y medio los cinco mossos que torturaron a un detenido

La Audiencia de Barcelona ha condenado a penas de hasta seis años y siete meses de prisión a cinco mossos d'esquadra de la comisaría de Les Corts por torturar y maltratar a un hombre al que detuvieron por error en julio de 2006 y a quien llegaron a meter una pistola en la boca para hacerle confesar.

En su sentencia, la sección novena de la Audiencia condena a seis años y siete meses de prisión a tres de los agentes procesados, a dos años y tres meses a otro y a multas que suman 3.900 euros al último de ellos, por los delitos de torturas y lesiones graves, detención ilegal, inviolabilidad de domicilio, contra la integridad moral y maltrato.

Según cree probado el tribunal, los agentes golpearon y torturaron al detenido, de origen rumano y al que confundieron con un atracador, y también maltrataron y arrestaron ilegalmente a su novia, embarazada de tres meses, hasta lograr que les permitiera entrar en su domicilio para registrarlo ilegalmente.

El fallo censura la conducta de los Mossos, que califica de "cruel en exceso, brutal o salvaje" e impropia de una policía formada en un estado de Derecho, y les reprocha que siguieran golpeando al detenido, incluso después de que éste les advirtiera de que es hemofílico.

El caso ocurrió en julio de 2007, cuando la policía autonómica investigaba un caso de atraco cuya víctima identificó "con bastantes dudas" al torturado, Lucian P., en un reconocimiento fotográfico, por lo que el jefe del Grupo de Atracos, imputado en la causa pero absuelto, ordenó su detención.

Vestidos de paisano, cuatro de los agentes esperaron a Lucian P. en la puerta de su casa y, sin identificarse en ningún momento, se abalanzaron encima de él, le hicieron la zancadilla, lo arrojaron al suelo y le golpearon por todo el cuerpo, al tiempo que le pisaban la cabeza y le agarraban por el cuello para impedir que gritara.

Varios ciudadanos se acercaron a los mossos para recriminarles su brutal actuación, por lo que uno de ellos enseñó la pistola que llevaba, sacó la placa y pidió que les dejaran en paz porque estaban haciendo "su trabajo".

Los agentes introdujeron al detenido en un vehículo policial y, durante el traslado a la comisaría, uno de los procesados le metió en la boca la pistola que llevaba, amenazándole con tirarlo "por un barranco" si no reconocía los hechos que se le imputaban.

El policía advirtió también a Lucien P. que si la juez lo soltaba podrían matarlo y que no sería "el primero", según la sentencia, que mantiene que durante el traslado fue golpeado por los cuatro mossos, incluidos el conductor y el que viajaba de copiloto, que aprovechaban los atascos de tráfico para girarse a pegarle.

Los agentes siguieron golpeando al procesado en el aparcamiento de la comisaría de Les Corts, desoyendo su llanto y sus advertencias de que podía morir por ser hemofílico, hasta que otro mosso -no identificado- les dijo que pararan, que había cámaras de grabación.

El detenido, que sólo supo los motivos de su detención ya en el calabozo, explicó en el juicio que pensó que los condenados eran delincuentes y se tranquilizó cuando llegaron a la comisaría, porque comprendió que los que le habían agredido eran policías.

Al día siguiente, Lucien P. fue puesto en libertad y acompañado a casa por uno de los agentes, que se disculpó, pero la víctima debido a su detención perdió el trabajo y tuvo que recibir tratamiento por el riesgo de que, al ser hemofílico, se le complicaran las lesiones.

Otro agente, con la ayuda de uno de los anteriores, detuvieron a la novia de Lucien P., que estaba embarazada de tres meses, la sujetaron por ambos brazos y la agarraron fuertemente por el pelo para introducirla en el coche policial y llevarla a comisaría, donde la engañaron diciéndole que su pareja era proxeneta para forzarla a responder lo que ellos querían.

Según la sentencia, los agentes lograron que la mujer les dejara entrar en el domicilio que compartía con el acusado, que estuvieron registrando sin la pertinente orden judicial.

El tribunal resalta que el acusado fue "golpeado y amenazado de forma totalmente gratuita e innecesaria y, desde luego, utilizando más que la fuerza imprescindible para su reducción", sin otra finalidad que la "vejación y la denigración".